La política en España, es un tema para equidistantes. Le preguntas a cualquier compañero de trabajo sobre la situación política actual y la mayoría te responde con lo mismo: los políticos son todos iguales, están siempre igual.
Esto es como cuando en la comunidad de vecinos, el del 5º A y el del 5º B discuten. Entonces, te cruzas con el del segundo por la escalera y te comenta: son los dos iguales, están siempre igual.
O una pareja de amigos se separa y los amigos de alrededor, como son equidistantes, no se meten, no opinan, no respiran.
Y así reduciendo las cosas, haciéndolas simples, nos permitimos dar una sentencia que nos parece justa. No nos importa qué generó el conflicto. Tampoco nos importa la proporcionalidad de las respuestas. No nos importa dónde pueda llevarnos. Lo único que buscamos es el que no nos salpique. Mantenernos al margen y quedarnos tranquilos con nosotros mismos. Somos neutrales.
Lo peor es que la neutralidad parece añadir un plus de razón en nuestras opiniones.
¿Qué supondría el informarnos más? Quizás si preguntáramos, si nos informáramos, si conociéramos ambas versiones, nos estaríamos implicando. Y claro, implicarnos es el paso previo a la necesidad de actuar. ¡Qué miedo!
Y qué curioso: cuanto más informado menos objetivo, cuanto más implicado menos creible, …
Abogo por la implicación, aunque nos equivoquemos. Abogo por pasar a la acción en todos los planos de la vida.
Porque sin implicación, no se debiera opinar, y sin acción no se vive.